jueves, 8 de marzo de 2012

Nómbralo tú, porque yo no puedo...

La tormenta pasa, aunque ni yo misma lo espere. El sol brilla de una manera distinta ahora. Apenas acabo de abrir los ojos y una nueva pregunta surge en mi mente: ¿Será que lo que he llamado vida no ha sido tal? ¿Qué habrán sido estos 25 años en los que he recorrido el mundo en busca de sentimientos e historias? ¿Tanto me he mentido a mi misma que lo que creía era una vida plena e intensa ahora no parece sino una vaga y borrosa caricatura de algo que quiso ser?
 
Al abrir los ojos vuelvo a mi camino habitual. Las mismas calles, los mismos árboles, el mismo cielo y los mismos personajes cruzándose conmigo sin siquiera advertirme, así como yo misma no me detengo a pensar en ellos….
 
Felizmente, hoy todo parece distinto. La calle gris y aburrida, llena de personajes anónimos y planos, ha cobrado una tridimensionalidad que me es difícil describir. Los árboles estáticos ahora parecen acercarse a mí como queriendo abrazarme, como si reconocieran mi alegría y quisieran compartirla. Los veo y siento que ellos me miran. Casi logro escuchar sus palabras. Veo sus troncos y se me hacen tan familiares como rostros queridos que vuelven a mi en un momento de soledad. Pero ya no es así…, el momento no es de soledad.
 
Sí, me acompañan y ya, empezando por eso, no estoy sola. Detallo sus troncos como si buscara algo en su rostro y me encuentro con el tuyo…. Al ver sus hojas inquietas por el viento, me encuentro de nuevo frente a tu mirada y vuelvo a perderme en ella sintiéndome, por primera vez, parte del mundo. Siento que mis pies tocan tierra (aunque aun no echen raíces) y la savia recorriendo mi cuerpo es el primer respiro de vida que logro sentir.
 
El mismo viento ha cambiado, como si por fin pudiera apoderarse de mi y mantenerme a flote aunque yo no lo quiera…. A pesar de que el día está nublado y frío, la ciudad parece más viva ahora: yo ya no estoy sola. Sigo triste porque no puedo ser de otra manera pero mi tristeza ya no duele; por primera vez puedo decir sinceramente que es mi excusa para seguir escribiendo. Y aunque me vean caminar sin compañía y recorrer las calles una y otra vez cual alma sin rumbo, la verdad es otra: voy de tu mano aprendiendo palabra por palabra y paso a paso todo lo que este nuevo mundo me tiene preparado.
 
Ahora veo por mi ventana y ya el árbol no me estorba, me cuida y vela mi existir. Veo la luna, que tantas veces me ha quitado el sueño, las estrellas que me acompañan fieles en mis noches de insomnio y todos me dicen lo mismo: que siga adelante.
 
Como te dije una vez: es muy cierto todo lo que dices... Es obvio que a mi me ha pasado lo mismo (una y otra vez), solo que a veces es difícil ver lo que tienes más cerca... No siempre tenemos el sentido común y la ilusión a flor de piel como para permitirnos disfrutar y soñar al sentir cosas tan obvias y básicas como el roce del viento en la cara... Al lograrlo, ya no hay olvidos ni tiempos ni distancias... Sólo así podemos dejar de sentirnos atados de manos...
 
Gracias por obligarme a soltar mis amarras. Gracias por permitirme verme en tu rostro, perderme en tu mirada y quedarme con tu dulzura en mis labios. Gracias por marcarme la sangre y la vida, por tatuarte en mi mente, mi piel y mi memoria.
 
Me acompañaste a abrir una puerta a la que temía profundamente y me equivoqué al pensar que sabía qué había detrás de ella. De nuevo estoy en contacto con el mundo real, con ese viento que te roza la cara, con las cosas pequeñas, sencillas, importantes.
 
Y no importa qué pase mañana o cuánto podamos llorar por amor o desamor, lo que importa es que ya no soy más una sombra. No soy más un zombie. He vuelto a ser lo que siempre quise ser.
 
En nombre de ese amor en el que ambos creemos, te dejo la tarea de definir todo esto que ha pasado... Para mí quedará guardado con llave por siempre en mi memoria... Lo siento, es demasiado grande como para siquiera nombrarlo una vez más...

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