Estoy en casa. Recostada en mi cama, siempre tan cómoda. Y, escuchando música, repaso mis libros, mis cuadernos, mis películas. Cada uno dice un poco de lo que he sido, de lo que soy: los tomo, los dejo y siempre vuelvo a ti.
Quiero distraer mi mente de tu recuerdo pero está tan vivo que no logro apartarlo. Minuto a minuto, cada segundo vuelve a mi mente como si fuera un film en cámara lenta. Una comedia romántica que de pronto se torna en sutil erotismo. Hace un mes no nos conocíamos. Apenas sabíamos que en el otro terminal había una persona de carne y hueso que nos enviaba letras y más letras tratando de descubrir quién somos, tratando de esconder quién es. Sobre todo yo, siempre evasiva, siempre ambigua. Escondiéndome en mis miedos para mantener distancia, para que nadie pueda herirme. Ya estoy harta, ya no quise esconderme más. Quiero ser yo de nuevo, aquella pequeña arriesgada que siempre sale bien librada de sus locuras. Que ríe, canta y llora y luego se ríe de haber llorado. Temo enfrentarte. Hay algo que siempre me ha hecho mantenerte a raya y el no saber qué es me está volviendo loca. Tengo un largo e intenso monólogo acerca de ti y, después de mucho existencialismo, sigo sin encontrar razones tangibles para seguir evadiéndote. Es miércoles, estoy tensa y preocupada. Me pregunto qué será de ti. Respiro profundo, enciendo el PC y allí estás tú, como siempre, dispuesto a dedicarte a mi apenas me ves llegar. Sigo preguntándome el por qué de la dedicación, pero debo dejar de hacerlo. Sí, ya he aprendido que los por qués llegan con el tiempo, en el mañana. ¿Qué hago desperdiciándo en ello el ahora??? Por primera vez en meses, respirando profundo antes de colocar cada letra, logro mantener una conversación constante y decente contigo. Debo confesar que nunca antes te presté atención y, con cada palabra que me escribes me pregunto: - ¿En qué planeta has vivido, tonta??? - ¿Cuál era tu miedo??? Aquí no hay nada distinto: eres una persona más, sencilla en sus complejidades o compleja en su simplicidad, ni más ni menos. Reservado, pero consiente y contento de lo que ha vivido. Intentando seguir viviendo, aprendiendo. Tienes razón, me das tu teléfono y temo usarlo. Conozco más de ti pero aún estoy presa de mis miedos. No quiero dar un paso más, temo saber qué hay al final del arco iris. Nos despedimos y vuelvo a retomar mi monólogo en tu honor. Recuerdo que fue muy gracioso encontrar coincidencias entre nosotros. Me sentí como quinceañera. Recordaba a mi Ángel y cómo él intentaba conquistarme pretendiendo que le gustaban mis locuras. No puedo compararlos. Es un camino muy distinto el que tú pareces haber recorrido y, aún así, sigo discutiendo conmigo misma. Sigo presa en mil tonteras que ya aburren. ¡Definitivamente, sí voy a usar tú teléfono!!!. Apenas llegue a casa te mando un mensaje para tengas el mío y ya luego veremos qué pasa. ¡Fin del monólogo...!!! Llego a casa y me distraigo. Soy adicta a la Tv, tanto como tú. Tengo la sensación de haber dejado algo pendiente, pero no recuerdo qué es. No logro concentrarme en nada y, horas después, un rayo de luz ilumina mi memoria y recuerdo que lo que olvidé fue escribirte. En seguida tomó mi celular y, después de mucho pensar y borrar, te mando un mensaje rezando que luzca normal. No quiero parecer una loca perseguidora, ni una adicta al sexo virtual. Quiero que sea simple y amistoso, espero que lo entiendas así. Estoy helada de imaginar qué piensas, sobre todo porque aún eres un impulso eléctrico. Hay coincidencias pero aún no logro darte forma humana. Minutos después, respondes. Me sobresalta tu respuesta (¿?). Insisto en parecer lo amistosa que no he sido en meses, en mostrarme yo y dejarme de cuentos de caminos. En esa nota estamos largo rato. Mensajes van y vienen y empiezo a sentir una fuerza magnética que me mantiene alerta e interesada en la conversación, pero no te lo digo. Es bueno sentirlo, no sé que sientas tú pero es bueno sentirlo de todas maneras... Y así seguimos hasta que me dices que vas manejando y es obvio que es mejor detener la conversación (no quiero ser causante de un accidente y menos tuyo. Menos ahora que te me haces un impulso eléctrico tan interesante). Me despido pero dejo las puertas abiertas y me quedo pensando en la imagen que tenía de ti. No sé por qué me parecías un tipo serio y aburrido, loco por manipular y embaucar a una niña que no sabe nada de la vida (¿?). Ahora me causas mucha más curiosidad, estoy impaciente por seguir hablando contigo. Me distraigo con mis pensamientos hasta que el repicar de mi teléfono me devuelve a la realidad. Al ver tú nombre me sobresalto. De un brinco me levanto del sofá donde veía la Tv y corro al jardín para tener mejor señal y más privacidad. Respiro profundo, de nuevo, y atiendo tratando de que no se me note la aceleración. Así seguimos y hablamos y hablamos y seguimos hablando... Ahora estoy tan tranquila... Los miedos han desaparecido. Me siento cómoda y confiada. Seguimos encontrando coincidencias. Tú te ríes y me discutes que una bruja no puede creer en la casualidad y yo pienso en que las coincidencias deben ser más místicas que compartir la misma profesión o que nos gusten las mismas películas, pero no te lo digo. No quiero ponerme intensa porque no sé a dónde nos podría llevar. Y hablamos hasta más no poder. Abstraídos en un pequeño universo que estamos creando. Llegas a tu casa y en mi mente vas tomando forma, casi puedo verte (todo menos tu rostro) y tampoco te lo digo pero te me haces tan familiar que asustas. Hasta que el sentido común nos hace volver al mundo real y material, es hora de colgar. Ha pasado más de una hora y aún es agradable mirar los rayos en el cielo, cambiar de un tema a otro y a otro y seguir interesada; pero de lo bueno, ¡poco! Y ya tomamos demasiado. Será hasta la próxima oportunidad. Cuelgo el teléfono y regreso a la Tv, mismo sofá y misma posición. No me concentro en la pantalla. No dejo de pensar en lo que hablamos, vuelven mis miedos... Temo lo que vayas a pensar pero necesito escribirte. Agradezco tu llamada y quiero que lo sepas. Tú respondes y vuelvo a sentir el magnetismo que nos lleva a continuar la conversación. Ya me pareces adicción. No puedo dejar de escribirte... Ya no estoy en el sofá, estoy en cama lista para dormir pero siguen habiendo temas y maneras. No tengo sueño. Aunque quisiera no podría dormirme. Estoy muy interesada. Y pasan las horas y seguimos escribiendo y ya no quiero escribir más. Quiero hablarte, quiero verte. Me siento frustrada de no poder llamarte y tú también quieres escucharme. El sentido común no me abandona. Ya hemos hablado mucho pero queremos seguir. No sé por qué pero me llamas y se me hace algo erótico. Seguimos, temas triviales, nada intenso ni comprometedor y aún así siento mi cuerpo caliente, siento ganas de besarte. Debe ser ese magnetismo que desde hace rato siento. Me pareció atrevido decírtelo pero si quiero que me veas como soy, debía hacerlo. No acostumbro a callar las cosas que siento. Es bueno saber que sientes igual. Parecemos estar en sintonía, sigues teniendo una forma cada vez más contundente y me asusta. No quiero idealizarte. Tú quieres verme, yo quiero verte. Me acaricio mientras hablamos, buscando sentirte más cerca. Tengo pánico a que nos desilusionemos pero las ganas son muchas. Es tarde y mañana tienes que trabajar temprano. Me veo obligada a que terminemos la conversación. Parecemos novios adolescentes, tenemos más de 15 minutos despidiéndonos y siempre conseguimos algo más que decir. ¡Buenas noches!!! Me acuesto en el sofá. Mi primo está en mi cama porque no puede dormir. Aquí las cosas se están poniendo delicadas. Yo estoy en el sofá, escuchando música porque tampoco puedo dormir. Quiero agradecerte de nuevo la llamada pero temo que si lo hago nos peguemos de nuevo por mensajes. Es mejor apagar el celular. Mi prima se levanta y me encuentra despierta. Hablamos un rato y se ríe de cómo me ve. Ella vuelve a su cama y yo al sofá. Tengo que revisar el celular, presiento que escribiste. Lo prendo, voy a tomar agua y regreso pero no hay mensajes... ¡Definitivamente es hora de dormir!!! Vuelvo a apagarlo y empiezo a contar ovejitas para no seguir pensando en nuestra conversación. |
Una ventana abierta a lo más profundo del corazón de una BrujaReal...
Dedicado a los seres mágicos que pueden ver con los ojos cerrados y sentir en la distancia...
jueves, 8 de marzo de 2012
4 días (1/4) - Miércoles
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