Ya es viernes. Me desperté nerviosa. Tengo mariposas en el estómago, casi ni puedo comer.
Termino con mis ocupaciones, nos ponemos de acuerdo y salgo a tu encuentro. Es bueno saber que tú también tienes mariposas en el estómago... ¡A mi me da miedo tenerlas!!!
Cuando soy verdaderamente yo, enfrento violentamente las cosas a las que temo. No quiero llegar a tanto pero necesito verte, sentirte, terminar de darte un cuerpo físico.
Voy a tu encuentro y los nervios crecen, no logro relajarme con nada. Cuando llegue al sitio acordado me fumaré un cigarrillo mientras espero. Llegué y sé que tú no has llegado. Me paro en la terraza a ver pasar los carros, a ver si te siento llegar antes de que lo digas. Olvidé el cigarrillo. Estoy concentrada en apartar las sombras. No quiero que nada me distraiga de ti hoy.
Ya estás por llegar, he bajado y te espero... Es obvio que eres tú: te veo llegar y siento un arrebato de intensidad en mis nervios ya calmos. Subo al auto y, aunque parece tan normal estar allí contigo, los nervios me traicionan y no sé qué hacer. Es obvio que lo notas y tratas de abrazarme mientras yo me comporto como si nunca me hubiera montado en un carro sola con un hombre.
Respiro profundo, te miro y pienso cuánto me emociona estar allí. No sé qué me espera pero estoy ansiosa por descubrirlo. Me pegunto si aún estás nervioso... Te miro, ya no recuerdo de qué hablamos. Me enternecen tus dulces y creo que compartirlos le va a bajar el tono al asunto. Funciona, ya me tocas aunque yo no me atreva a corresponderte. Hablamos y hablamos y hablamos.
Tuviste razón, fue muy bueno encontrarnos allí y recorrer juntos el camino hasta tu casa... Los nervios bajan, cada vez me siento más en confianza. Cuando nos detuvimos ya era como estar con uno de mis amigos más cercanos, si no, ¡jamás me atrevo a darte masajes!!!
Por momentos te veía y trataba de volver a verte como el ente distante al que temía pero ya era imposible. Ya eras parte de mi vida, aunque todavía hoy, mientras escribo, no pueda nombrarte.
Luego, el tour. Recorríamos tu casa, me explicabas cada detalle y yo te escuchaba intermitentemente. No pensaba en nada, solo sentía las vibraciones de tu voz en mi cuerpo. Te sentía nervioso a ratos y quería dedicarte toda mi atención.
Entre las coincidencias, encontramos cómo pasar la noche en algo que nos evitara momentos incómodos: las fotos. Fotos e historias, ¿qué mejor manera de conocer a una persona???
Por momentos creo que así va a ser toda la noche, estamos muy cómodos, es como estar con un viejo amigo. Me pregunto si aún quieres besarme, de no ser así no importaría. Sé que igual será una gran noche.
Estamos en el sofá, cada vez estamos un poquito más cerca y yo te escucho y pienso que no se me han quitado las ganas de besarte pero es tan agradable estar allí contigo que no me atrevo a cambiar las cosas. Tampoco me das tiempo, no estás tranquilo ni un segundo.
Yo me río en silencio y estoy concentrada en tus historias, pero sigues acercándote. Me tocas, me miras, tu cuerpo está más cerca del mío.
No sé cómo nuestras manos se encuentran y se distraen en suaves caricias por un rato. No sé cómo llegamos allí, no recuerdo ni siquiera qué me decías. Sólo la sensación de nuestras manos, por fin, en un contacto más íntimo. Inquietos y evasivos, nuestros dedos se recorren eróticos e ingenuos.
No recuerdo qué pasó después... Sé que fuiste por el vino... Dejamos el sofá y, en la mesa, nos sentamos a brindar. Bajas las luces y, mientras hablas, muchas cosas pasan por mi mente pero no logro procesarlas y articularlas, apenas me limito a asentir.
Recorro cada centímetro del lugar, cada sensación: la música, media luz, buena compañía, excelente conversación, tu voz... (suspiro...)
Aquí es donde intentamos darle un inicio formal a la velada, a la celebración de nuestro encuentro. Después de tanto, de tanta vuelta... nos alegra estar allí. Probamos el espacio.
Propones un abrazo que ambos necesitamos porque presentimos que las cosas van a cambiar pero ninguno sabe cómo o cuándo... Primero torpes y algo incómodos... Luego, nuestros cuerpos van tomando la forma del otro y el abrazo se va haciendo más cálido y estrecho. Cada vez más cerca...
Me relajo y me dejo llevar... Nuestros cuerpos rozándose, sintiéndose cada vez más cerca y olvidando el frío que teníamos segundos antes. Tranquilos, sintiéndonos... Sin pensar, sin presión, sólo nuestros cuerpos empezando a sentirse sutilmente. Descubriéndose mutuamente con movimientos suaves, cortos y tiernos...
Así pasamos largo rato. Parece que ninguno quería dar el siguiente paso... Ya era obvio que lo queríamos pero, estando tan cerca, parecía que cualquier otra cosa sobraba... ¡Qué gran mentira!!!
El calor subía... La cercanía era mayor. Era imperioso intentar algo más... Como sacados de la coreografía de una escena de amor, cada uno levanta la cabeza sin separarse ni un centímetro del abrazo y nuestras bocas se encuentran, como si ya saben el camino, en un beso lento e intenso. Nuestros labios conociéndose y recorriéndose suavemente, despacio, sin prisa...
El calor sigue en ascenso... El beso, de lento y calmado se vuelve cada vez más apasionado, más fuerte, más rápido. Tus manos recorren mis costados y mi espalda con timidez... ¡Ahora sí estoy nerviosa!!!
Me siento como chiquilla. Sé qué hacer pero me da pudor... Como si leyeras mi pensamiento, tomas mi rostro, como tranquilizándome, y me besas con más fuerza. Despejas mi mente y ya es sólo mi cuerpo el que responde...
Tus manos levantan mi franela y acarician mi espalda, mi torso... Tomas la franela, me la quitas como si quisieras arrancarla y empiezas a besar mis pechos. Me acaricias y vuelves a besarme... Yo recorro tu espalda con mis manos suavemente y levanto tu franela. Quiero sentir toda tu piel...
Al quitarte la franela, mientras me besas, recorro tu cuerpo, tu espalda, tu pecho con mis manos. Cada vez es más difícil mantener la calma... ¡Quiero perder la cabeza y arrancarte la ropa para que me hagas tuya de una vez!!!
Tus manos adivinan lo que siento, buscan mi entrepierna, van directo a mi pantalón e intentan abrirlo. Es difícil... No quiero que tardes. Ambos lo deseamos y estamos al borde de la desesperación.
Un contratiempo nos haría perder la cordura y romper todo lo que llevamos puesto, por eso te ayudo... Abro el cinturón, luego el pantalón y tu mano traviesa y desesperada entra inmediatamente entre mis piernas. Acaricia, descubre y reconoce mi intimidad. Juega con ella y tus dedos me penetran por un rato.
Yo abro tu pantalón, quiero sentirte. Temerosa acaricio tu pene por encima de la ropa. Lo siento muy duro pero no es suficiente, quiero sentir su piel. Entonces quito tu ropa y lo tomo con mis manos. Me gusta y me excita aún más sentirlo: caliente, grueso, muy duro, suave...
Lo recorro con mi mano para conocerlo. No lo veo, pero me gusta... Me gusta masturbarte con delicadeza mientras me penetras con tus dedos hasta llevarme a a un orgasmo suave, intenso pero muy delicado... Un corrientazo que me recorre despacio y me deja con ganas de más...
Luego, te alejas un poco y bajas mi pantalón. Yo no quiero que te alejes... Necesito sentir tu calor. Terminas de desvestirme, me recuestas en la silla y tu cara se dirige sin vacilar a mi vulva... Tus manos acarician mi vientre y mis senos; y yo intento acariciar tus hombros y tu cabeza pero siento temblar todo mi cuerpo. Los brazos me pesan, apenas los coordino...
Sólo siento tu lengua y tus labios recorriéndome, penetrándome, jugando con mis labios... Apenas me atrevo a mirarte y estás concentrado en mi placer. La lames y la chupas, la recorres una y otra vez sin dejarme descansar... Siento cómo aumenta su calor al roce de tus labios. Siento como sus fluidos se resbalan hasta tu lengua...
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo calentándome aún más. La sensación es tan intensa que siento que voy a explotar... Apenas logro agarrarme de tus hombros antes de que todo me dé vueltas. Es intenso y muy deseado, pero aún quiero más...
Te separas de mi y buscas abrazarme y acercarte de nuevo pero no te dejo. Ahora soy yo la que te reclina en la silla mientras termino de quitar tu ropa. Te quiero cómodo para que disfrutes...
Te acaricio, me acerco temerosa a tu pene, a tus testículos. Los acaricio y acerco mi cara suavemente. Recorro todo tu pene con mi lengua... Tus testículos... Quiero conocer su olor, su sabor.
Acaricio tus testículos mientras voy introduciendo tu pene en mi boca, lentamente... Recorriendo cuidadosamente con mis labios cada centímetro de él... Grabando cada centímetro en mis labios, primero muy lento... Luego, aumentando la velocidad y la presión cada vez más... Luego lento de nuevo pero siempre mis labios muy firmes sobre tu pene tan caliente. Te escucho gemir...
Me gusta, me excita, siento una humedad fuera de lo común. Quiero hacerte sentir más, disfruto tanto tenerlo en mi boca y escuchar tus gemidos que me siento tentada a continuar hasta llevarte al clímax...
Nuevamente volvemos a la coreografía y, como si estuviéramos de acuerdo, nos separamos y levantamos para volver a besarnos. Me abrazas y me besas mientras nos recorremos con las manos...
Me besas el cuello y por fin dices que quieres penetrarme... ¡Qué alivio!!! ¡Ya pensaba que nunca lo harías!!! Yo me muero por sentirte completamente dentro de mi...
Me vuelves a reclinar en la silla. Me pongo cómoda y por fin veo a tu pene acercarse a mi vagina... Lo deseo mucho y empiezo a sentir cómo separa mis paredes, abriéndose paso y poniéndose muy cómodo dentro de mi...
De nuevo siento completamente toda su forma, todo su calor. Me gusta verte disfrutar y disfruto enormemente tenerte dentro de mi. Sentir cada uno de tus movimientos, rápido, desesperado, ansioso por verme llegar...
Te separas y me tomas de la mano para dirigirme hacia el sofá. Allí te acuestas y, como si leyeras mis pensamientos otra vez, me ayudas a colocarme encima de ti. Lento y con calma llevo tu pene hasta mi vagina y muy despacio le permito penetrarme completamente para luego comenzar a moverme... Despacio... Rápido... Despacio otra vez...
Ahora soy yo quien tiene el control y me gusta mucho verte disfrutándome. Me separo y te doy la espalda... Vuelvo a meterlo dentro de mi y lo acomodo perfectamente bien. Así lo puedo sentir más adentro y creo que te gustó que lo hiciera porque también lo siento más duro y más caliente... Me muevo muy despacio para sentirlo completo, para disfrutar cada sensación y hacerte desesperar...
Vuelves a leer mi mente y, sin dejarme proponerlo, te levantas sin dejar de penetrarme y me colocas de rodillas en el sofá para retomar el control y volver a penetrarme muy fuerte y rápidamente. Me tomas de la cintura... No lo sabes pero eso me encanta.
Me excitas a un nivel desconocido para mí... Estoy a un paso de gritarte que termines de ser más fuerte. Siento gotas que recorren mis piernas hasta el piso, siento las gotas caer y salpicarme es muy intenso y creo que ya no puedo seguir. Quiero que lo hagas más rápido y más duro...
Mientras más te siento, más quiero sentirte. Llevo mis manos a mi clítoris para estimularlo mientras me penetras así de fuerte y por fin llego a un punto en el que no hay vuelta atrás... Lo disfruto muchísimo, pero te detienes de nuevo y me colocas en la silla otra vez para penetrarme con tu lengua... Abarcas toda mi vagina con tu boca. La acaricias con tu lengua, con tus labios, juegas con tu piercing en mi clítoris y la tomas por completo hasta el punto de hacerme querer que te quedes allí... Siento que estimulas todos sus puntos sensibles a la vez, sólo con tu boca...
Vuelves a penetrarme pero ya es necesario buscar algo más cómodo y de nuevo me conduces hasta tu habitación... Ya cómodos en tu cama, me dispongo a dedicarme de nuevo a tu pene. Lo tomo con mi mano antes de empezar a recorrerlo con la punta de mi lengua desde la parte trasera de tus testículos. Pasando lentamente por cada milímetro hasta la punta, hasta introducirlo completamente en mi boca y ya allí recorrerlo con mi lengua completamente...
Me sigue excitando sentirlo tan caliente, tan duro por mí... Quiero y necesito tenerlo dentro de nuevo. Sí, definitivamente eres una adicción...
Sólo pienso en las ganas que tengo de que me penetres otra vez. Me coloco sobre ti y de nuevo lo llevo bien adentro: caliente y tan duro, listo para seguir disfrutándome... Con cuidado me acuesto encima de ti y siento tu pene más profundo, más erecto dentro de mi...
Ahora eres tú quién me quiere cómoda, así que me sugieres que me acueste y mientras estoy tan relajada te colocas entre mis piernas y vuelves a penetrarme con fuerza. Me ves disfrutar mientras yo me concentro en sentir. Me gusta... Me gustas y he disfrutado cada segundo... Sigo queriendo más...
Quiero verte llegar y, como sigues leyendo mi mente, mis pensamientos más ocultos... Cierras mis piernas y dejas de penetrarme para comenzar a masturbarte allí, encima de mí. De nuevo quiero tenerlo en mi boca, pero temo interrumpirte. Prefiero esperar a que me digas si quieres cambiar o hacer algo nuevo; mientras veo cómo disfrutas...
Estás temeroso de lo que viene pero quiero que sigas. Me gusta cómo te masturbas, pienso que debo aprender a hacértelo tal como tú lo haces. También me masturbo buscando aumentar tu placer... Pero debo confesar que estoy distraída, no me concentro en lo que siento, me concentro en lo que veo...
Disfrutas verme, lo sé, seguimos coincidiendo... Jamás me sentí tan satisfecha de las cosas que me gustan como en ese momento... Me vuelve loca verte y presiento que ya tu momento está por llegar...
No me equivoco. Me distraigo y de pronto siento cómo aumentan tus gemidos... Retomas mi atención y ya no te quito la mirada. Me dedico solamente a ver tu mano estimular tu pene hasta que tu semen me baña el pecho mientras tiemblas con cada contracción...
Ya es sábado y no lo hemos notado... Ya la euforia pasó pero aún así sigo sintiendo estas ganas locas de tenerte cerca, de besarte... Vuelves a mejorar la atmósfera, traes el vino, iluminas la habitación con la calidez de una vela y seguimos conversando, acariciándonos y besándonos por largo rato...
De la pluma e inspiración de Bruja_Real y Biónico
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