Ya no sé cuánto tiempo llevamos conversando ni de cuántas cosas hemos hablado. Parece que el tiempo no pasara mientras estás cerca.
Primero fue esa larga conversación telefónica, ahora estoy en tu cama apenas cubierta en partes por tu cobija. Tú estás a mi lado y nos miramos y acariciamos muy lentamente mientras seguimos hablando. La vela le da un tono muy sensual a la habitación. Nuestras sombras hacen todo más cálido, más cercano. Yo te observo y presto atención a cada uno de tus movimientos, a la manera en que me miras, en que me hablas y cómo cada uno de tus dedos recorre lentamente mi cuerpo como una manía compulsiva que ninguno de los dos pretende evitar. En un segundo, nuestras miradas vuelven a encontrarse y nuestros cuerpos se adivinan como si desde hace mucho tiempo conocieran el punto exacto del deseo de cada cual. Vienen los besos y las manos inquietas que recorren el cuerpo del otro. Tu cara se acerca con suavidad a mi intimidad. Despacio y muy sutilmente me recorres de nuevo con tu lengua y, como si supieras lo que quiero, tomas mis piernas y las colocas en tus hombros. Me tomas de los tobillos y mantienes mis piernas bien arriba mientras continúas penetrándome rápidamente y con mucha fuerza, de manera que todo desaparece a nuestro alrededor. Somos solo tú y yo fundidos en uno, sin saber que ha sido ni que será. No sé que pasó. Abro los ojos y me encuentro acomodada entre tus brazos, nuestros rostros muy cerca parecen besarse en sueños. Tu duermes tranquilo y me pregunto dónde está el que hace un momento me hizo perder el conocimiento. Estoy cansada y muy cómoda. Apenas logré dar forma a ese pensamiento antes de volver a dormirme en tus brazos. Mi mente racional, que nunca descansa, me hace despertar de nuevo. Ella no comprende cómo hemos llegado ahí y se empeña en ensombrecer lo que acaba de pasar. Me despierto y aún estoy entre tus brazos. Ya no en la misma posición, pero aún muy cerca de tí Me levanto con cuidado, no quiero despertarte. Pareces disfrutar mi cercanía tato como yo. Doy una vuelta tratando de alejar de mi mente todo mal pensamiento y regreso a ti, a tu cama, a tus brazos que me esperan como si siempre hubiera estado allí. El brillo del sol colándose por la ventana me despierta. A medida que se acercaba la mañana parecía que nuestros cuerpos se acercaban más. Lo que comenzó en un abrazo ya era un ovillo formado por dos cuerpos que no lograbas distinguir. Ya casi totalmente despierta sigo mirándote y disfrutando la manera en que nuestros cuerpos encontraron sus formas. Poco a poco tu despiertas y te acomodas en mi cuerpo. Yo sigo mirándote tan cómodo en mí y no puedo resistirme a acariciarte. Con la ternura que se siente por un bebé, mis dedos recorren tu pecho y tus hombros procurando alargar tu sueño. Tu respondes a mis caricias y y lo que empezó sutil y tierno empieza a transformarse en una espiral de pasión que cada vez aumenta más y más. Tus manos me recorren con fuerza. Sienten el palpitar de mi cuerpo a tu contacto. Intensamente recorren mi cintura y todo mi torso hasta encontrase con mis senos, calientes y erectos por tu cercanía. Tus manos recorren el camino de regreso hasta mi vagina. Lentamente la acaricias como si la hubieras extrañado. Con suavidad, tus dedos recorren toda su anatomía y reconocen su calor y su humedad hasta encajarse muy dentro de mi. Me estremece y paralizan las sensaciones que me producen. El intenso cosquilleo me recorre por completo y me hace querer ir más allá. Sin alejarte de mi entrepierna, procuro acercarme a tu pene erecto y caliente que espera por mi. Lo tomo entre mis manos, suavemente lo acaricio y recorro toda su anatomía, refrescando cada parte grabada en mi memoria. No puedo evitar sentir unas inmensas ganas de llevarlo a mi boca. Trato de contenerme pero es imposible y entonces, me acerco tímidamente y comienzo a besarlo y a acariciarlo con mis labios húmedos. Poco a poco lo voy metiendo en mi boca hasta tenerlo por completo. Mi lengua lo recorre mientras una de mis manos recorre tus testículos y la otra mi clítoris. Yo estoy concentrada en darte placer. Me gusta que me mires y me gusta ver tu cara de satisfacción. Siento tus dedos muy dentro de mi, mientras yo acaricio mi clítoris y tu pene se pone cada vez más duro y caliente dentro de mi boca. Mis sensaciones se hacen cada vez más intensas. Siento el calor tomando cada centímetro de mi cuerpo. Siento el sudor correr por mi cuello y siento cómo mis piernas quieren separarse cada vez más para permitirte mejor la entrada a mi. Y así, ambos disfrutamos nuestros cuerpos por largo rato. Yo me estremezco con cada gemido tuyo. Tú enloqueces al sentir el temblar de mi cuerpo en cada orgasmo. Ambos queremos más. Tú te esfuerzas por saciar mi deseo e introduces tus dedos cada vez con más fuerza. Mi vagina empieza a doler, te pido que la dejes y me concentro sólo en ti. Mis manos te recorren mientras mi boca insiste en no dejar tu pene. Mi lengua ya lo conoce por completo y se centra en los puntos que casi te hacen gritar. De pronto lo alejas un poco de mi boca, pero no del todo. Tu mano lo toma con fuerza y empiezas a masturbarte muy intensamente. Sin embargo, aún me quieres cerca de allí. Sabes que me gusta mirarte y quieres que esté muy cerca de tu pene cuando llegue el momento. Así continúas por un buen rato, intercambiando entre tu mano y mi boca que no se resiste a él. Luego de mucho juego, justo cuando mi lengua termina de recorrer todo su rededor, veo como explotas al compás de muy fuertes gemidos. Tomas mi mano y me acercas a ti, mientras te esfuerzas en que tu respiración luzca normal. Yo me sonrío porque sé que no es fácil, tú me has hecho sentirlo. Me tomas de nuevo entre tus brazos y sin saber cuándo me quedo dormida. Ya casi es medio día y apenas ahora es que retomamos la cordura. Al abrir los ojos, lo primero que vemos es el rostro del otro despertando satisfecho. De nuevo estamos muy cerca. Y al reconocernos en la mirada del otro se hace muy difícil querer despertar. Buscamos un nuevo acomodo en nuestros brazos y permanecemos largo rato sin decir palabra. Por fin llega la hora de levantarnos. Compenetrados como si fuera algo usual, me das tu franela y te colocas otra. Te dispones a preparar la comida mientras yo intento ordenar el desastre que dejamos por todo el apartamento la noche anterior. Luego te acompaño en la cocina y entre los dos terminamos la comida. Sentados frente a frente, seguimos conversando y comiendo, y me sigo preguntando cómo llegamos hasta allí. Tres días antes alguien me hubiera advertido que aquello pasaría y le habría llamado loco. Pero te miro y me doy cuenta de que esta era la única manera en que dos personas como nosotros nos podríamos encontrar. Al terminar la comida, tú preparas el baño mientras yo arreglo la cocina. Estoy distraída en el lavaplatos cuando llegas por mi espalda y me abrazas y besas mi cuello. Empiezo a sentir el calor recorrer todo mi cuero, pero el agua está muy fría y la combinación de las sensaciones me excita mucho más. Al terminar, tus manos ya están bajo la franela y sujetan muy firmemente mis senos. En esa posición me diriges al baño sin dejar de besarme. Al llegar allí, tomas la franela y me la quitas con fuerza. Yo respondo de la misma manera. Es imposible que sea de otro modo. Como desesperadas nuestras manos recorren el cuerpo del otro. Estamos perdidos entre tanto beso y caricia. Apenas logro recostarme de la pared. Siento tu cuerpo presionarme muy fuertemente pero en este momento ya no caben los juegos, ambos deseamos lo mismo y ninguno lo pide. Tampoco perdemos el tiempo en palabras. Simplemente tus manos buscan la entrada, separan mis piernas y tu pelvis sedienta de mi se acerca más y más. Al encontrarse con mi vagina el calor es tanto que es difícil soportarlo. Y yo estoy ahí, pegada fuertemente por tus brazos contra la pared, disfrutando de su dureza. De pronto, muy repentinamente, dejas de penetrarme y sin darme tiempo a nada me volteas y vuelves a estar dentro de mi. Sigues penetrándome con fuerza prendido a mi cintura hasta llevarme al orgasmo, para luego permitirme besarlo de nuevo hasta llevarte al tuyo. Aún estamos agitados y calientes de tanta actividad. No sé tú, pero yo nunca antes lo había vivido. Nos fundimos de nuevo en un abrazo y un beso tan estrechos que es difícil distinguirnos. Vamos a la ducha y con el agua muy tibia nos relajamos y terminamos de disfrutar lo que acabamos de vivir. Abrazados bajo el agua, mezclamos todas las sensaciones y nos comenzamos a enjabonar mutuamente. Hemos vuelto a la ternura, es una suerte de ritual de agradecimiento por tanto placer, por tanta dulzura esperada y desconocida. Nuestros cuerpos de nuevo unidos en una manera diferente. Nos secamos y vestimos y nos disponemos a volver al mundo real. El camino de regreso ha sido muy callado. Creo que ambos nos preguntamos si fue cierto, tal vez ambos tememos que no vuelva a suceder. Nos concentramos en trivialidades y en mil y un temas más que podemos compartir. Al legar a nuestro destino es cuando nuestras miradas vuelven a cruzarse y se quedan pegadas como queriendo evitar el final. La despedida, entre cortada y agradecida, es una despedida al fin. Un beso y un abrazo que comienzan con temor a que no terminen, sellan el momento en que ambos volvemos a ser aquel impulso eléctrico que mantiene el interés en la persona detrás del terminal. Miles de unos y ceros que se transmiten fríos entre millones más que desconocen lo que pasa. De la pluma e inspiración de Bruja_Real y Biónico |
Una ventana abierta a lo más profundo del corazón de una BrujaReal...
Dedicado a los seres mágicos que pueden ver con los ojos cerrados y sentir en la distancia...
jueves, 8 de marzo de 2012
4 días (4/4) - Sábado
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario