Hola, mi dulce Ángel adorado:
Hace mucho que no te escribo. Hace mucho que no sabes en realidad lo que siento. Si te conozco, sé que muchas veces te has preguntado qué ha pasado contigo en mi vida. Dónde quedaron todas aquellas ideas hermosas que un día nos unieron.
Bien sabes que nunca te abandono. Sabes que por nada me olvido de ti. De vez en cuando, casi siempre cuando menos lo esperas, te doy un golpe violento que te recuerda que sigues siendo el mismo para mí. Cada día que pasa le doy gracias a Dios por los muchos años que han pasado desde que nuestros caminos se cruzaron. Cómo cada segundo que hemos compartido me recuerda y me demuestra que las almas que se complementan permanecen siempre unidas, más allá de la ilusión y del olvido.
Cuando creo que la magia ha terminado y que mi vida será un montón de materia inerte y gris, recuerdo tu mirada la primera vez que se cruzó con la mía y me digo: ¡sí hay magia! Y cada vez que puedo, vuelvo a ti. No como un refugio a las tormentas que conforman mi día a día, sino como un recuerdo de que la magia existe y de que eres mi mejor ejemplo vivo de ello.
Un día alguien en alguna parte, decidió que tu y yo estábamos hechos para estar juntos y, después de mucho intentar juntarnos lo logró. Aún en contra de nuestras voluntades, ese algo que está más allá de nuestro entendimiento nos ha hecho encontrar de nuevo y permanecer unidos.
Me da risa que tú, a estas alturas, aún te atrevas a decir que otro es mi alma gemela. Es irónico viniendo de ti. Tú, que eres el único en el mundo capaz de saber las cosas por las que hemos pasado, juntos y por separado en todo este tiempo.
Tú que siempre me moldeaste a la imagen de lo que esperabas y que siempre adivinaste lo que sería de mí, aún cuando yo no tenía idea de lo que quería. Si tú y yo nos hemos podido sobreponer a todo y todavía permanecer unidos, hay algo más grande que quiere que eso sea así. Ese algo más grande es el único que sabe con certeza cuál será el destino final de nuestras vidas y es obvio que después de tanto camino recorrido, yo no espero que tú y yo vivamos felices para siempre; no como en los finales felices de los cuentos de hadas.
El hecho de que tú y yo estemos aquí y ahora, compartiendo de nuevo este pedacito de eternidad, sólo me dice que así como estás tú para mí y yo para ti, el destino no puede ser tan mezquino como para darnos sólo una oportunidad de encontrar alguien como tú y como yo. En algún momento, sé que al doblar una esquina volveré a tropezar con otra persona, tan mortal como yo, y que ha sido diseñada para estar conmigo tanto como yo con él. Lo mismo que te sucedió a ti cuando encontraste a la dulce niña que hoy comparte tu rumbo y a quién no debes dejar ir.
Tal vez ahora ya me tropecé con esa personita y, como un día te hice a ti, le he puesto mil trabas y barreras y le consigo mil "peros" y él me da un millón de razones para desecharlos. Escucho de él las mismas palabras que un día escuché de ti y le respondo de la misma manera. Mis miedos son exactamente los mismos pero esta vez con conciencia. Espero que esa conciencia me permita bajar de una vez por todas mis defensas y permitirme compartir con él todo aquello que no me he permitido vivir jamás.
No puedo cometer el mismo error dos veces. No te niego que es muy seductora la idea de que tú y yo pudiéramos estar juntos de nuevo y seguir el camino que un día cortamos bruscamente. Pero es imposible vivir del pasado y vivir bien. Yo elegí vivir bien y el recuerdo de ese dulce, cálido y tierno amor que siempre nos ha unido me alienta y me acompaña para seguir mi camino. Tal y como siempre lo soñé y como tú supiste que lograría.
Apenas ahora es que la vida comienza para mí. Sé que en donde estás me deseas suerte y compartes cada una de estas letras conmigo. Generalmente no es necesario decir las cosas pero a estas alturas, ni siquiera contigo me atrevo a dar las cosas por sentadas.
Quiero todo claro y confirmado, así que con esto te digo que eres la muestra viva de que somos humanos y perfectos para ser felices y hacer feliz a otro humano como nosotros. Gracias, una y mil veces gracias, por estar allí y por arrancarme sonrisas y carcajadas aún en medio de las tormentas más brutales. Te amo y siempre te amaré, con todos los amores que se nos está permitido sentir en este plano.
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